El Viaje. La moto


La mañana prometía buen tiempo y mientras preparaba la Moto para el viaje, recordé como había llegado a este momento. He tenido  moto desde hace mucho tiempo. Era un chaval en un barrio de Madrid cuando monte mi primera Cota 25. Entonces no sabía que las motos iban a ser mi pasión. Cubrí etapa tras etapa, y no me daba cuenta de que me iba envenenando. La sensación de libertad adolescente, la comodidad de un transporte universitario y más tarde, el lujo de los grandes viajes, fueron haciendo mella en mi carácter. ¡Quería viajar en moto!. Fije la vista en un futuro, entonces muy lejano, y hasta llegar a ese momento, disfrute del aire en la cara, de la soledad de las carreteras y del placer de formar parte de una familia con miembros por todo el mundo.


Mi Estrella es el resultado de todas esas experiencias. El compendio de tanta sabiduría, aprendida de quienes más sabían, a lo largo de mis  ya treinta y cinco años sobre una moto. Esa sensación de libertad todavía permanece en cada kilometro que recorro, y aun rodando en grupo, vivo la soledad de quienes encuentran en la moto refugio y solaz.


Los olores, que no percibes si viajas en coche. Los encuentros en cada bar de carretera. En cada gasolinera, la charla distendida de dos personas a las que tan solo une su amor por la moto. Esas cosas que no se sienten, y extrañan si no eres motero, son las que aun hacen latir con fuerza mi corazón. Muchos años y muchos kilos de más no han cambiado en nada mis ganas de viajar en moto. ¡Que nerviosismo el de los preparativos.!. ¡Que orgullo el de la culminación de una aventura…!. Sensaciones que puedes compartir junto a una hoguera en la mayor concentración motera de Europa, o en la terraza de un pequeño bar roquero en las calles de tu ciudad. La moto es el centro de todas las conversaciones, el origen de páginas y foros, la génesis de una amistad. La moto es nuestro capricho. Me resulta difícil explicar como ocurre esto, pero el destino pierde su protagonismo. Es el viaje en si lo que buscamos. Ese viaje, exótico. O el más lejano. El más numeroso o el más ruidoso, da igual. Lo que interesa es el viaje. Por eso cuando alguien te dice;”¿salimos de viaje con la moto?”, solo respondes…”¡cuando!”. Y hasta ese “cuando” te suena lejano, tan lejano que parece que nunca llega. Pero llega. Y cuando eso ocurre, lo demás no importa. Ya estas de viaje. Y lo disfrutas.


Mi moto es hoy mi compañera. La que me salva de la rutina diaria. Mi Estrella viajera tiene carácter, pero con mano dura y nervios templados consiente en ser gobernada mientras no trates de forzar sus tripas. Es grande, yo pequeño. Es fiel, yo voluble. Y sin embargo cada vez que recurro a ella me recibe, me conforta y me consuela. Sus más de tres cientos kilos la convierten en objeto de burlas de sus ligeras compañeras, pero a la hora de abrir gas, reacciona, se olvida de complejos y corre como el viento dejando atrás a quienes antes se mofaban. Un tráiler, si, y orgullosa de serlo. Su majestuosa línea hace que en viaje reine sobre cualquier otra custom. ¡Ahora podemos hablar de imagen!. A los puristas les disgusta su pantalla, pero gracias a ella puedes alcanzar grandes velocidades, dentro de las posibilidades de este tipo de motos, sin forzar los músculos del cuello. Tras más de quinientos kilómetros se agradece acabar sin molestias. Su único enemigo, la nieve. Se encuentra incomoda si nieva. Sabe de su problema de sobrepeso y una caída haría necesaria la ayuda de un tercero para volver a ponerla en pie. Además, la acumulación de copos en la gran pantalla panorámica hace imposible la visibilidad.  Pero todo ello se le perdona por su entrega, sin otra condición que la de llenar el depósito cuando sea menester.


De modo, que consciente de la suerte que tengo por disfrutar de una moto, salgo a las carreteras para percibir el calor de la gente, de la tierra y de mi montura. Cualquier viaje es un buen viaje. Cualquier destino es un buen destino. Cualquier montura es una buena montura.  Lo único malo de verdad es no poder disfrutar de ellas.


Termine de colocar el equipaje para seguir en ruta. Un viaje que podría prolongarse en el tiempo, sin rumbo, sin presión. Porque sobre una moto y en una tierra como la tierra de Asturias, lo menos importante es el destino. Lo increíble resulta ser el viaje en sí.

“Fui a los bosques porque quería vivir a conciencia, quería vivir a fondo y extraer todo el meollo a la vida, para no descubrir en el momento de la muerte, que no había vivido”   H.D. TURO

Luis “Gnomo” Portal