En Honor a la Verdad

Si la pasión no tiene limites, nada es comparable a nuestras sufridas y renegadas acompañantes de infatigables convivencias a lomos de nuestras maquinas.


Observar la meticulosa precisión y mimo con que preparan la impedimenta de un fin de semana de tal forma que todo se resuma a la mínima expresión para entrar en esos baúles mágicos, es algo que no tiene desperdicio, creo que terminaran arruinando a Sansonite.


Y que decir tiene de las posturas acrobáticas que deben desarrollar para auparse al asiento, me recuerdan a autenticas contorsionistas del Cirque du Soleil, y todo para hacer kilómetros y kilómetros a velocidad parsimoniosas, con camiones sacando el brazo pidiendo paso y rectas que se tornas en cuesta arriba, y siempre una sonrisa, un “cariño, ¿qué tal vas?”, un “perdona” tras un cabezazo de ese casco que ella te regalo con toda su ilusión y tu la has pasado porque ya esta medio machacado, y esa preocupación y excitación cuando la línea roja de la reserva de gasolina es sobrepasada por la aguja y no entiende como es posible que nos hayamos gastado tanto como en un coche y ni tan siquiera exista un testigo de reserva, y sobre todo un “ten cuidadin, cielo, que van como locos”.....


Y nosotros disfrutando de una conducción en compañía sin realmente valorar lo que a nuestras espaldas llevamos. Ese disfrute que en mas de una ocasión se torna en preocupación cuando uno de esos agujeros negros de nuestras carreteras irrumpe en nuestra trazada y solo pensamos que detrozara nuestras suspensiones poniendo un suspiro y un halo de preocupación, sin importarnos las zonas neumáticas de nuestras acompañantes, ya muy maltrechas que llevan entre la quinta y la sexta lumbar tatuado el Suzuki del respaldo trasero.


Y después de todo eso, aun piden a gritos: “Cariño, ¿cuándo es la próxima?”.


En honor a la verdad, gracias a todos / as por compartir nuestras aventuras y desventuras y por hacer vuestra la ilusión de sentir nuestras monturas.


Dedicado a mi sufridora acompañante motera Cris