El Primer relato de Altaïr

Diciembre 2000


Este es el relato que escribimos tras nuestra primera aventura con Altaïr

¿De quién narices fue la idea de quedar tan temprano?. El semáforo en Llevamos mas de 5 años viajando juntos. Naturalmente estas escapadas siempre han sido mas o menos programadas, y siempre se han realizado en los intervalos de tiempo "socialmente" impuestos, ya sabéis, vacaciones, puentes...

 

Hemos viajado en avión, furgoneta, coches varios y últimamente en barco. La vida a bordo de un barco se hace muy intensa. No existe el tiempo tal y como lo conocemos aquí. 


El espacio solo sirve para enmarcar tu ruta y saber cuanto queda para tu destino. La forma del barco se convierte en tu único espacio. Con el paso de las horas pierdes las referencias. Y poco a poco te conviertes en parte de él. Cuando a la madre naturaleza le da por jugar con nosotros, se pueden llegar a pasar malos ratos, que ahora en tierra recuerdas como lo más intenso.

 

Lunes 18 de Diciembre de 2.000


Allí estaba. Nos estaba esperando, un Burgman 400. El chico de la tienda nos sonrió amablemente, - ¿te lo explico ahora o prefieres que terminemos con el papeleo?. Cristina miraba a Altair sonriente. Esa sonrisa que dice encantada de conocerte, ¿cómo dices que te llamas? ¿y que pretendes?.  No podíamos contener nuestra emoción. Las palabras del vendedor se entrecortaban en mi cerebro, ¿a dónde vamos mañana?, ¿será muy inestable?, ¡hace 7 años que no llevo una moto!.  El vendedor continuaba, - y con la cerradura colocada así la guantera se abre, si la pones así queda cerrada...

 

Por fin, no es tan difícil. Bueno si un poco al parar y tal. Tengo que echar gasolina. Cómo está Madrid!, Pues yo entre esos dos coches no paso. Me quedo aquí. Cristina iba en el coche. - ¿que tal?, se ve enorme. Se ve una moto guai.

 

Finalmente un recorrido nos llevo, a ella en coche y a mi sobre Altair a la casa de mis padres, a la de los suyos, a la de su hermana... y a donde hubiera hecho falta.

 

Y comenzó a llover. Y a llover. Y a llover... y llegó la Navidad y con ella unos días de relax. - Cristis llega el Sábado y el Domingo. El viernes salgo a las 3 ¿qué te parece si vamos a Salamanca y le damos un garbeito a Altair? - ah vale. Los partes meteorológicos advertían claramente que el temporal seguía "aguando" toda la península. Protección civil había aconsejado no viajar si no era necesario.

 

¿Necesario?, claro que era necesario. Como vamos a dejar a Altair aquí. Ya viajamos mucho en coche todos los días.

 

Dotados con nuestro equipo más impermeable, una pequeña mochila, arrancamos a Altair a las 18 horas rumbo Salamanca. El cielo estaba gris pero parecía claro que no iba a descargar agua. Altair inicio el ascenso del Puerto de los Leones con agilidad. Parecía que el viento pegaba mucho a Cristina. Mis viejos intercomunicadores dejaban paso a una corriente de aire terrible. El rebufo del carenado pensaba yo. Al principio y según íbamos coronando seguíamos hablando. Cosas simples. Detalles. Un te quiero. Un mira ese tío. Esas cositas que hacen que un viaje perfecto sea maravilloso.

 

Rápidamente estábamos ya en tierras de Ávila. En la Autopista ves siempre de todo. Desde perezosos coches que van a 80, hasta temerarios rápidos de fin de semana que adelantan por la derecha con potentes coches sin saber realmente que están exponiendo, grandes camiones de 14 metros de longitud, furgonetas. Altair parecía negociar con tranquilidad dicho panorama. La autopista. Un mundo aparte que siempre he pensado que no estaba hecho para los motoristas. Pasa todo tan rápido.

 

Y así minuto a minuto la autopista nos fue llevando hasta el desvió de Salamanca. Allí donde la autopista decide ir hacia otro lugar más "interesante" y nos deja al amparo de una carretera nacional,  mucho menos ambiciosa en sus destinos. Fue así como cogimos la N-110. La noche caía ya sobre nosotros. El asfalto húmedo de las recientes lluvias me "asustaba" un poco. No a Altair que se mantenía inamovible en cada virada que realizada, en cada curva que daba. - Vas bien...?, -

 

Si voy bien.... y tu? - bien, bien.... me preocupan los coches de atrás... por que se pegan tanto?. ¿Por que la gente es tan irresponsable, tan irrespetuosa?. Ale hijo pasa, pasa. Saludos a padre.

 

Me duele un poco la ingle. - Venga, en la próxima gasolinera paramos. Además hay que echar gasolina. - Vale. ¿Cómo vas de frió?. - Pues tengo un poco. Si Cristina decía eso, es que tenia ya mucho frió. Mis dedos había dejado de sentir como debía hacia ya un ratito... y es que la naturaleza es la naturaleza. Y ni el mejor equipo puede con ella.

 

Que bien sienta el cafetito de gasolinera. Que poco los saboreo. Mis múltiples viajes con Geronimo, un berlina medio turbodiesel con autonomía para casi ir a Barcelona y volver a muy buen ritmo, me habían hecho olvidar el refugio en que se puede llegar a convertir una gasolinera, lo bien que puede sentar el café. El parar tu marcha para descansar las piernas. Hablar sin gritar con tu compañero de viaje.

 

Sentir a tu compañero de viaje. - Ya casi hemos llegado. Mira ahora cogemos las N-501 y directitos hasta Salamanca. ¿Que corto no?. - Esta muy rico este capuchino. - Que rica eres. Venga el casco. Y de nuevo el ritual. Te abrochas el abrigo. Te colocas la braga. El casco. Te aseguras de haberle echado el cierre. El intercomunicador. Un guante. El otro. Altair ronrronea en el silencio incorruptible de la noche. - ¡Vamonos!, sube.

 

Allí estaba la 501. Un stop y a por ella. Recta, tras recta se suceden unidas por curvas abiertas y tímidos puentes que pasan sobre el ferrocarril... Altair empezaba a menearse cada vez más. - vaya viento que se ha levantado eh?... Ella no contestaba. - Cris?, Cris?!... Guanchu, guanchu?!!, Guanchuzri, Guanchuzri?, NO ME OYES...? - QUE PASA?, NO TE OIGO....  y yo no la oía. El intercomunicador no tenia sitio para nosotros y el viento... En mi oído el ruido del viento era cada vez mas y más áspero. Mas seco. Mas implacable y nos había separado.

 

Altair iba completamente escorada. El viento a un descuartelar por proa era muy fuerte... vaya no es la primera vez que estamos en una de estas Crilis.. no te preocupes... el coche de atrás, pero tío no lo ves?...  sepárate un poquito... pena de Geronimo... las rectas seguían... el viento cada vez mas y más. Te apuesto a que estamos en fuerza 3. Sergio quita el génova... coge un rizo en la mayor. En mi mente las similitudes se iban agolpando mas y más... pero el de atrás se empeñaba en devolverme a la realidad de la situación. Lo menos vamos con 10º de inclinación contra el viento... es que no se va a acabar nunca esta recta?, Crilis no me oyes pero te quiero. Allí ahí un cambio de rasante... solo faltaba que empezara a llover. Viene un camión de frente. Es que como venga una racha fuerte nos vamos al suelo. El camión se acerca, es de los grandes y de los que se ponen lucecitas en la cabina para que se vean de noche... ya esta aquí... ahhhrgrgrgrgrgr. Altair se movía, se movía muchísimo, babor, estribor, babor, estribor, estribor, babor... ahhrer. No lo aguanto - Que pasa?, que pasa Sergio?. La voz entrecortada de Cris llegaba a mis oído derecho. Altair se movía mucho, mucho. La masa de aire que movía el camión sobre el viento que nos hacia viajar completamente escorados nos había dado un buen susto. Ventajas de viajar en scooter... Esa estabilidad.....!

 

No solo teníamos que negociar las curvas, el suelo posiblemente helado, el idiota de atrás que por llevar un "TDI" tiene que ir aplastando todo lo que se le planta delante,  ahora tambien teníamos que lidiar con el viento, las rachas de viento y la desestabilización producida por los camiones y autobuses.

P E R F E C T O. Cris, se me había olvidado decírtelo. Esto es viajar en moto.


Continuará....


Ws Altair