Burgos 2002. Junio 2002


Solo amigos. Eso debería de decir el letrero que indicara esta salida realizada en un temprano mes de Junio.

 

Podrá apreciarse el largo intervalo en las fechas desde el último relato. Sin duda una demostración más de mi hipersensibilidad ante los frios hechos que iban aconteciendo.

 

Amigos. Esos eran los que me acompañaba. O al menos eso era lo que yo pensaba. Y con eso ¿no es ya suficiente?. Quien es responsable de los hechos que habrian de acontecer en el futuro.

 

En aquel momento disfrutamos como pocos. Algunos estaban en plena campaña "electoral". Otros no querian quedarse atrás. Pero nosotros disfrutabamos como enanos ajenos e ignorantes de  la macropolítica.

 

Pocos momentos he disfrutado tanto como aquel anochecer en una gasolinera improvisando un viaje en moto para primeros de Agosto y que se convirtiria en el Proyecto Icaro: Sin duda el verdadero principio del fin de esta etapa

 

Pocos Momentos. Muy pocos. Nunca podré olvidarlos.

 

A pesar de todo.

10:00 horas

 

La moto de Manu Burgman espera en la puerta de la cafetería de la gasolinera que esa mañana hacia de punto de reunión. Sergio Altaïr terminaba de llenar el deposito de gasolina. Velozmente Cristina y Sergio entran en el recinto. Sentado en la barra Manu terminaba de apurarse un pincho de tortilla regado con un té matutino. Se saludaron efusivamente. A pesar de estar en contacto prácticamente diario el “encuentro” siempre era emocionante.

 

Pidieron unos cafés junto con un pincho de tortilla. Las motos esperaban fuera iluminadas con destellos dorados del sol matutino. Comentaron la ruta. Rieron.  – Tenemos que irnos ya.. hemos quedado sobre las 12-13 horas. Sin dejar de reír salieron fuera. Se colocaron los cascos. Sergio a ultima hora decidió dejar el abrigo bajo el asiento...

 

Vaya que frío hace. Altaïr iba recortando curva tras curva la ascensión. El cielo se oscurecía bajo los árboles que ensombrecían la carretera. Pudo contemplar que sus brazos sentían el frescor matutino poniéndose la carne de gallina. Manu Burgman seguía con precisión cada una de las curvas que Altaïr marcaba. 1200 metros. ¡Pero que frío!. Curva, otra curva, pendiente. Altaïr comenzó a decelerar. Las fuertes cuestas del Puerto de Navacerrada hacían que el ritmo marcado por el Burgman 400 fuera descendiendo, 100, 90, 80...  1400 metros, los coches aparecieron en la escena. 60, 50... Altaïr trata de acelerar, su ronco esfuerzo queda ahogado en la montaña de la sierra madrileña. 70, 80... 1500 metros. – Parece que estamos en marzo... Entramos en el puerto... Coronamos, comienza el descenso... Manu sigue detrás, hace frío mucho frío, una curva, otra... de vez en cuando un rayo de sol ilumina sus brazos.. que siguen helados...

 

 

13:00 horas

 

El indicador de velocidad de Altaïr marcaba 140 km/h. El viento era muy fuerte y lo teníamos por la banda de estribor. Manu Burgman, con una media mueca se escondía tras su enorme pantalla tratando de ganar la batalla aerodinámica. Altaïr muy cerca de su popa aprovechaba el enorme rebufo que producía la rotura del aire al paso de la pantalla de Manu. Cristina Altaïr, en lo alto mas alto luchaba por mantener su cuello derecho.

 

Las dos naves estaban entrando en Burgos. El rugido de los dos motores era sordo para toda la autovía menos para los propios ocupantes que sabían que iban forzando sus maquinas tratando de ganar la guerra al viento.

 

Todo el viaje había sido así. Sin embargo la naturaleza de las vías por las que habían circulado todo el día había impedido llevar un ritmo tan elevado. A lo largo de mas de 300 kms los tres amigos habían recorrido buena parte de la Castilla Llana que se funde de repente en verdor y agua, que guarda pequeñas y escondidas poblaciones donde los habitantes volvían su cabezas sorprendidos al paso del pequeño convoy de naves Burgman. Y ese viento...

 

 

13:10 horas

 

Encontraron enseguida el puente que les dejaría cruzar el río a la altura de la Plaza del Ayuntamiento. Un ultimo semáforo y estuvieron allí. Tres motos aún les aguardaban. Era la pequeña representación del MegaScooterClub Madrid que se había acercado a Burgos. El grupo sin embargo era mucho mas numeroso. había muchas naves que formaban el enorme grupo del MegaScooterClub Cantabria, organizador del encuentro, naves que venían desde Asturias, incluso se vieron tripulaciones de Bilbo.

 

Se saludaron rápidamente. Luis Hexawing, presidente del MegaScooter Club Madrid cogió la iniciativa. – Se han ido a ver el castillo, dijo, a ver si los encontramos!. El grupo comenzó a seguirle. El ronroneante silbido de la Silverwing iba abriendo el paso de las 5 naves a través de las calles de la ciudad. Laky, con su B250  adelantó a Luis... y de forma muy efectiva, comenzó a preguntar a todos los viandantes que encontraba a su paso hasta que el grupo dio con el castillo.

 

Y allí estaba toda la flota del Norte que había viajado hasta tierras castellanas. Y allí fue el encuentro. Y allí fue donde los amigos de ruta, donde los compañeros de viaje se encontraron. Y allí fue el saludo. Y allí fue la alegría de encontrarse de nuevo, de recordar tiempos pasados, de pensar en el futuro...

 

Tras los abrazos toda la flota fue conducida y guiada a un tranquilo Monasterio por los Caballeros del Cid, un grupo motero que ayudo logísticamente a que todo fuera estupendamente. Junto al Monasterio y con la flota ya bien amarrada entraron en un Bar. Allí al compás de su propio bullicio el grupo explotó en un tremendo abrazo. Apelotonados los ya viejos conocidos se saludaban, preguntaban, contestaban. Los que aun no habían tenido contacto no tardaron mucho. Presentaciones, abrazos... hermandad.

 

Tras unas cervezas la flota se puso de nuevo en marcha. Los Caballeros de Cid con disciplina prusiana condujeron a la “manada” de forma precisa y rápida. Pocos kilómetros les separaban de su destino final. Sin embargo, el enjambre de autovías por arriba, por abajo en el que se ha convertido Burgos hizo la tarea un poco mas larga de lo que alguno se esperaba. Curva, Desvío, Cruce... Otra autovía... Puente... Túnel... Por fin la flota deslumbra el destino.

 

El Área de Servicio Serrano acoge a la gran Flota con holgadez. Su gran parking acomoda sin dificultad al grupo. Rápidamente la Flota desmonta, es amarrada y entra en el Restaurante.

 

Allí el grupo se dividió en mesas. Unas mesas hablan con otras, el bullicio es general. Nadie está en silencio. Todos tienen cosas que contar. Todos quieren escuchar. El intercambio es global. Risas. Fotos. Mas risas. Bromas. Ironías. Saludos...

 

Comenzaron a servir los alimentos, mas risas. Nadie callaba. Apenas se prestaba atención al plato. Conversación. Charla. Amor.

 

La carretera esperaba.

 

El grupo seguía charlando, segundo plato, postre, café, copas.. más risas. Y llegó la despedida. La flota del norte marchó a su hogar.

 

Sin embargo, algunos quedaron allí.

 

Rufino, Virginia, Manu Burgman y Altaïr Co. permanecieron en el restaurante. Siguieron hablando de las rutas realizadas. Rufino y Virginia hablaron del viaje a Niza. Se habló de Córcega. Se habló de la llegada de la Cutty Sark a Santander. Se habló del Proyecto Rotaïr 2002.

 

Y hablaron. Hablaron hasta ya entrada la noche...


Ws Altair